domingo, 25 de abril de 2010

acerca de la presencia del Amor del Universo en mi vida

Dentro del apartado de vida cotidiana, este domingo se ha presentado introspectivo y pausado. Me he levantado temprano y no he hecho gran cosa, salvo pulular de aquí para allá y reflexionar desde dentro de mi soledad. Miro mi discurrir y me resalta a la vista una abulia, una tristeza y una falta de ganas de vivir preocupantes. Tengo una vida interior llena de pequeñas voces de fantasmas que resuenan dentro de mis sienes llenando de una compañía etérea estas largas horas en las que físicamente solo estoy conmigo misma. Me miro y me pregunto: ¿qué me ata para buscar una compañía activa y llena de dinamismo, por qué no me apunto, como en otras épocas lo he hecho, a un grupo de terapia o a una clase de teatro, y me muevo con otra gente, río, ando y me expreso en común? Triste y sola. Como si así lo pidiese el guión. Como si estuviese preparando algo, radicalmente nuevo, un nuevo paso en otra dirección y estuviese replegada cociendo el guiso que luego podré ofrecer al mundo de un modo más directo y pleno, algo que sea jugoso y bien cocinado y llene de placer y fortaleza a quien lo pruebe.
Confio que nadie me interrumpa, porque me enfada sobremanera que corten esta terrible lucha con lo que de malo tiene el mundo para extraer de las entrañas de la tierra belleza y del universo luz, y para poder juntar ambas y transformarlas en esa pequeña obra de arte que quiero ofrecer, algo pequeño, que quepa en el hueco de las manos, y que cambie esencialmente todo lo que toque. Quiero describir la locura de esquizofrenia con dos pinceladas de color negro sobre fondo blanco, un dibujo simple que exprese, que comunique y que haga entender sin género de duda lo que quiero decir.
Mi locura es que el mundo es feo y es bello y no lo entiendo. Que los tigres son bellos y sanguinarios, que los gorriones comen gusanos y los gatos comen gorriones. Y todos ellos tienen un ser en el mundo indubitable y que me antecede en la creación. No cabe ponerlos en duda. No es que estén mal diseñados. Es que mi cabeza no da para comprender la mecánica de la creación, la causa última de que exista el dolor, la muerte angustiante y terrible, la ira, el mal, la lucha, el odio.... Pongo en duda el budismo con su búsqueda de la paz interior en un mundo donde impera el terror. No es que no se pueda encontrar la paz interior. Es que mi paz interior es como una losa pesadísima, con una tristeza y un dolor muy profundos aparejados. Porque yo como en un mundo donde hay tanta miseria, porque vivo cómoda donde tantos están sin techo. Y quiero crear una belleza muy especial: un pensamiento que modifique esencialmente el modo de observar la realidad de quien lo lea y le haga amar y ser feliz de un modo tal que disuelva el miedo y el dolor y le haga entender la lógica de la Creación. No quiero luchar por un mundo mejor. No quiero luchar. Soy artista. Quiero crear una obra de arte que estremezca hasta la última fibra de todo aquel que se acerque a ella y que le haga musitar "en verdad, la ley del Amor del Universo es grande y comprensible, soy imprescindible para la Creación, y desde donde estoy modificaré de tal modo mi mundo que seré una bendición para cualquiera que me encuentre a mi paso". Creo que mi labor está en crear esa comprensión, en traer esa luz que tengo la oportunidad de ver. Tengo muchísima necesidad de creer por mi misma en esa ley del Amor del Universo, porque mi experiencia es que tantas veces he estado a merced de mis propias fuerzas y mi ánimo ha flaqueado por angustias y desesperanzas terribles que me hacen dudar del Amor. Vanas y bellas palabras los bálsamos para el alma que apenas rozan la epidermis cuando yo necesito que todos los jugos de mi alma se trasfundan de la esencia del Amor de Dios y que pueda entender y saber sin ningun género de duda que Dios nos ama a mi y a cada ser de todos los mundos y que nos ofrece a todos sin excepción lo mejor. Mi alma está en lucha y rebelión. He perdido la paz de espíritu porque no creo en Dios. Bueno, creo y no creo. Sigue siendo primavera, y las plantas siguen brotando y se escuchan los pájaros. Hay esperanza de que pueda llegar a entender. Pero necesito comer al amor de Dios como quien come el pan del mediodia. Y me niego en redondo a comerle a Jesucristo, me parece una iniquidad. No quiero comer un trozo de la carne de nadie. Quiero comer directamente el amor, como quien bebe agua y sabe que al agua no le hace daño que la beban. Quizás "comer" no sea la palabra mas adecuada. Soy de tres dimensiones, y como y toco. Al referirme con palabras de tres dimensiones al amor de Dios quiero decir que no sé qué hacer con mi materia, que si fuera espíritu incorpóreo sería mas fácil todo. Que la vida me pesa y que no la disfruto, que deseo salir de mi misma en una suave efusión de amor y poder reconocerme en los demás viviendo una alegría plena y llena de luz, donde la materia y el espíritu se confundan en generosidad y amor por la vida. Que no es cuestión de poner un parche y comprarme un perro o un gato para estar acompañada, porque es con seres humanos con quien tengo que llegar a tener esta comunión espiritual y vital, por difícil que me esté resultando. Soy testaruda, y sé que se puede. El camino hacia Dios en estas tres dimensiones son mis hermanos humanos, y estoy firmemente convencida que lo que hay que compartir es la luz del corazón, la fibra de belleza que nos hace hijos de La Vida y capaces de la ternura y de la alegría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario