martes, 9 de marzo de 2010

De lo poco maja que puedo llegar a ser si me doy rienda suelta

El escribir es un ejercicio de introspección curioso. Una se sienta delante del ordenador o del papel y pone en orden sus ideas. Reflexiona acerca de si va a contar algo, y, caso de que así sea, el prisma, el enfoque y el tono con el que va a urdir e hilar su narración. Repasando los temas de los que podíamos departir en este encuentro me ha venido a las mientes la conciencia de enfermedad otra vez. Hace una semana decía que era como comulgar con ruedas de molino. Creo que no ha quedado muy claro por qué. Y es un tema importante. Estoy en la convicción de que me lee algún profesional de la salud que otro, y lo más común en sus entornos es gritar con voz estentórea: "¡anatema!. ¡anatema!" cuando alguien les toca uno de sus dogmas más inamovibles. Y el silogismo: quien toma medicación está enfermo, toma medicación luego está enfermo es algo que forma parte del corpus básico de creencias de alguien de este entorno. (a mi entender, al menos).

A mi no me gusta que me obliguen a hacer cosas que no me explican bien, que no comprendo o que no me parece que son así. Tampoco me gusta que no tengan en cuenta mi opinión, que me ninguneen o que consideren que lo que digo es algo sin ninguna base, una solemne tontería. Por respeto a mi misma. Soy una persona razonable, y no me gusta que me impongan las cosas a la fuerza. Me gusta que me las expliquen y me convenzan. Sé de la correlación causa efecto en el mundo material. Aunque filosóficamente ha sido puesto en solfa mas de una vez, en la vida cotidiana, parece obvio que si pongo a calentar un cazo con comida en la cocina, el cazo se calienta, y si me abrigo pasaré menos frío. Vale. Según eso, puedo colegir que si, que la medicación hace su efecto y que hay una relación entre tomarme una química sintetizada en un laboratorio de unos modos que me da escalofrío pensar como la han podido sintetizar, y mi estado actual de conciencia, en el que estoy centrada, vigil, consciente y cotidiana. Tomado a la ligera podría resultar obvio, el tomarme de por vida una sustancia extraña para que se equilibre un organismo que me han asegurado que está enfermo, carencial, que no funciona bien ni, según el estado actual del conocimiento, nunca lo hará.

Por un lado, soy inteligente, gracias a Dios. Si hace veinte años no existian en el mercado los ordenadores y ahora ya te cuento lo avanzados que estamos, si cuando nací yo no habia televisores y cuando mi abuela era pequeña no habia luz electrica en su pueblo, no me creo que mi organismo tenga que estar mal de por vida por un determinismo... que puede perfectamente ser producto del desconocimiento de como controlar unas energías internas del organismo para que sean socialmente aceptables sin interferir en una vida cotidiana sin mayor alharaca. Por de pronto me he dado cuenta que si escribo y hago arte depuro lo que de malo pueda haber en mi naturaleza. Y alguna vez que he dejado de tomar medicación y he tenido un brote me he dado cuenta que salia a borbotones todo lo que llevaba dentro sin la cortapisa que te impone una represión internalizada de los impulsos mas asociales. La verdad, no ha pasado de ser un poco borde y de que algún amigo haya decidido que me den dos duros y que soy persona non grata. Me da pena el no ser maja siempre, y la verdad es que el tomar medicación es un precio que tengo que pagar para ser socialmente bastante impecable. Creo que si no hubiera caido enferma (por llamarlo de algún modo) y hubiera tenido una adolescencia no sobreadaptada, sino que hubiera sido todo lo borde que me hubiera dado la gana ser, hubiera sido una persona mucho menos "maja" de lo que soy ahora.... y mas que posible hubiera tenido otra vida muy diferente. Creo que estoy dando una especie de salto de trapecio, una especie de volatín hacia un deber ser por encima de las posibilidades reales de lo que en un cien por cien de todos mis impulsos vitales podría llegar a ser. (qué lioso suena esto). En defintiva, que con una muletita todos los malos rollos que me salen me los trago hacia dentro y todo el mundo comenta "¡qué maja es Arantza!". Creo que no soy tan maja. Que tengo un superyo artificial que me hace ser asertiva mas allá de mis bordes instintos primarios de adolescente pasada de fecha. Y que tengo que tragar ese aditamento artificial de por vida porque vivo en una ciudad rodeada de gente haciendo cosas cotidianas entre gente cotidiana. Vale. De sentido común. Nadie quiere tener una vecina de ciudad que de una mala contestación, es preferible encontrarse alguien plácido y que sonría, mucho más agradable.

Es cuestión de paciencia. De tener un cierto porcentaje de pasotismo con el daño hipotético que le pueda hacer a una que una sustancia quimica le descompense por dentro constantemente el normal equilibrio del organismo, que trata de armonizarse por su cuenta y una sustancia extraña no le deja. De decir: mira, habrá que fiarse, sin mucha fé y sin muchas ganas, la verdad, pero con la suficiente dejadez como para no ser estricta ni nerviosa, con pachaza, viviendo un dia a dia relajado, mira, que mas vale el tomarse unas pastillas que total, te las tragas y ya está que te pinchen una inyección intramuscular que duele horrores... No se, se trata de negociar con lo inevitable, con un a modo de destino que tiene que ver con lo que tantísima gente tiene de argumentación básica en sus vidas: "no me des problemas, no quiero ni oirte, paso de ti, por mi como si te pasa cualquier cosa, me das igual, solo quiero ir a mi propio beneficio, no me importas para nada". Y de mientras lo escribo y vosotr@s opinais, lo leeis y lo pensais, y con eso salgo de mi misma en un plano en que está admitido el explayarse y el sentirse acompañada por dentro, que es la compañía que me hace sentir más plena.

domingo, 7 de marzo de 2010

Acerca de la comunicación, de la palabra escrita y de mi manera de entender la vida

Me han contestado a la primera entrada dos personas. La verdad, es muy muy agradable hablar y que alguien la lea a una. Y que la conteste. Yo siento muchas, muchísimas ganas y necesidad de comunicarme. Y no solo de palabra. Las conversaciones son directas y pueden salpimentarse de gestos y miradas, de movimientos y actitudes, he ahí su riqueza. Pero la palabra escrita... es otra cosa. Tener tiempo para redondear el término adecuado, con el circunloquio pulido y medido hasta que exprese diáfano el pensamiento. Volver atrás y releer y saber que, a veces para bien y otras para mal, no volará, y que una ha de ser responsable de estas hormiguitas de negro sobre blanco para que contribuyan a crear belleza conceptual y mejorar el mundo.

El blog se titula Esquizofrenia, arte y vida cotidiana. Creo que este es el apartado de la vida cotidiana. De lo que tengo en común con el otro 99% de la población, los que no tienen la etiqueta de cabeza pocha. De esos pequeños momentos en los que una está abrigadita y con la calefacción en la cocina y agradece tener silla, agradece el respirar con normalidad y las dos aletas de la nariz destaponadas, agradece tener pan en el frigorífico y agua en el grifo, agradece tener dos ojos, y dos oídos, y diez dedos en las manos (y que se muevan bien). Hoy es un momento en el que empiezo a hacer un listado de mis bendiciones y me doy cuenta de que tengo muchísimas. Esta mañana he estado en un cursillo sobre resolución de conflictos. Y me ha alimentado el alma el escuchar de la boca de otro ser humano que todos tenemos corazón, que todos tenemos sentimientos y que quien se comporta con rabia o hace daño es porque sufre, porque no está bien, porque algo le pasa.

Quiero creer en la bondad, en el amor, en la capacidad de dar y recibir cariño, en la generosidad, quiero creer con todas las fuerzas. Hay días que veo el azul del cielo, merce, y digo, "azul, vale." y veo las nubes y digo "pues serán unos borregos super chulos pero no estoy de humor" y estoy triste y todo es grisaceo en mi corazón. Que con el gris se hacen unos dibujos al carboncillo super entonados y que quedan preciosos, no te digo yo que no. Y que está Kafka, que escribía muy muy bien, y está Nietzche, que aportó tanto, y tantos poetas que cantan su tristeza al viento y la convierten en belleza... y sé que no somos monocordes, y que todo forma parte de la vida, todo tiene su lugar, y que una cara de la moneda implica la otra, la felicidad y la tristeza son las dos facetas extremas de los gradientes del estado de ánimo, vale... Pero mira, hay veces que la filosofía del pasado se me queda muy grande. Hay veces que hecho de menos a un amigo y no se nada de el desde hace meses y me quedo triste mirando su foto. Y os cuento todo lo que le escribía a él, como quien necesita buscar interlocutores que disfruten con la danza de hormigas, con la procesión de hormigas, con la búsqueda infatigable de mis hormigas por encontrar... algo que las alimente, una palabra, una sonrisa, un comentario, un pensamiento.

Decía una amiga que buscaba vida inteligente. No se si es exactamente mi definición, pero la entiendo. Busco hablar e ir mas allá de lugares comunes y temas trillados, mas allá de los tópicos y de la función fática del lenguaje (las "conversaciones de ascensor" que no articulan nada salvo lenguaje vacío de significado). Busco dar algo valioso, que solo yo puedo dar, y que nace de mis vivencias y de mi manera de observar la realidad. Busco recibir respuestas. Conversar del alma, del mundo y de la vida tal como se puede entender en toda su amplitud y complejidad, cada uno desde donde está.

Busco amar y crecer en amor. Vivir con sabiduría y consciencia. El arte y la escritura creo que pueden ser buen camino. Por de pronto, ahora me releo y creo que puede quedarse escrito, que no desmerece ni resulta enfadoso. Os dedico mis palabras con una mirada de simpatía y una sonrisa. Seguimos en contacto.

martes, 2 de marzo de 2010

Reflexiones sobre las "voces" y sobre la conciencia de enfermedad.

Desde por la mañana aquí estoy, escribiendo en un confesor que es también una ventana abierta al mundo. ¿Qué es la esquizofrenia? Es curiosa la contestación. Tengo dos. La socialmente admitida, la que te enseñan que has de decir, repetir hasta la saciedad y creerte a pies juntillas, la que es como comulgar con ruedas de molino: la que llaman conciencia de enfermedad. Luego tengo otra contestación, íntima, que no explico a casi nadie, que me vertebra en mis miedos y en mis momentos difíciles, la pequeña certeza cotidiana frente al misterio. Es mitad mística mitad mágica, una explicación de lo que llaman "voces" que va mas allá de la crasa materialidad de la medicación (que dicho sea de paso no me impide para nada seguir teniendo las visiones paranormales que tengo) y que me hace de brújula en mitad de un océano desconocido, sin saber nadar y en barco ajeno.

Tengo en cartera un libro cuanto menos curioso: las "memorias de un neurópata" de Daniel Paul Schreber. Bueno. El señor debia de tener un universo propio. Al parecer es un libro señero, fundamental para entender las vivencias de un esquizofrénico y llegar a comprender las terribles delusiones de un alma enferma.... en fin, como suenan a pamplinas. El bueno de Schreber me da la sensación de que trató de explicar lo mejor que supo su mundo. Luego los psiquiatras y especialistas de la mente hacen su labor diseccionando, analizando y etiquetandolo todo. Supongo que los exploradores del siglo XIX que hacían viajes a lejanas tierras y trataban de glosar las costumbres de aquellas razas que se les hacían tan extrañas darían visiones tan peregrinas y llenas de prejuicios como los escritos que una se suele encontrar acerca de la esquizofrenia en las fuentes de las que he bebido. (y mira que he buscado información...). Es dificil explicar lo incognoscible con palabras que una apenas puede manejar sin ser literata ni poeta.

Por ejemplo... ¿qué es una "voz"? Una vez lo expliqué de un modo que consideré facilmente entendible: del mismo modo que un teléfono movil suena sin ningún hilo que lo conecte a nada, lo coges y hablas, y no te extrañas para nada porque te hable una voz desde dentro de un aparatito.... ¿por qué la cabeza no va a tener la facultad de ser una especie de teléfono móvil y tener telepatía con otras entidades, llamense espíritus o seres encarnados que fluyen de un modo sutil y a veces inconsciente para darnos sus mensajes? No debió de ser tan facilmente entendible, porque la terapeuta a la que se lo expliqué me preguntó con mucha alegría: ¿y te suena el timbre de llamada, como en el teléfono? Pues no, no me suena ningún timbre. La telepatía no es un teléfono movil, aquello no pasaba de ser un ejemplo para que me entendiera más facilmente y para que no se le hiciera tan extraño el hecho de escuchar una "voz". La verdad, yo cuando hablo con ella de tu a tu y con mi boca de carne no la toco el timbre de llamada previamente. La telepatía no es una cosa extraña de mentes desvaídas y llenas de insania.... La telepatía es que te hablen por dentro. Como tenemos oidos y oimos nadie pone en tela de juicio el que podamos escuchar por el aire las ondas sonoras que emite la garganta del interlocutor. Si lo normal fuera ser sordo, lo raro sería oir con los oidos, y entonces quien oyera se las vería y se las desearía para tratar de explicar como percibe las ondas sonoras. Y ya podía ir teniendo mucho vocabulario y mucha imaginación y mucha capacidad persuasiva, que a poco que se explicara con poética poco elaborada lo tildarían de raro cuanto menos. Pues con la telepatía ocurre parecido. Decía Einstein o nó se quien que solo utilizamos un diez por ciento de todas las capacidades del cerebro. Que el resto lo tenemos dormido. Pues creo que es un proceso de evolución en la psique humana el irse desplegando en todas sus capacidades a medida que se va pudiendo. No digo que sea sencillo. Si no te lo explican, si no te dejan desarrollar tus capacidades con normalidad, si te amedrentan y te tachan de loco... te truncan en un crecimiento que podría perfectamente ser armonioso y desembocar en una mayor capacidad de influir en el medio y de crecer como ser humano, en beneficio de todos. Quiero dejar claro que desde mi vivencia y mi experiencia, y después de veinte años de mucho miedo y de vivencias a veces muy dificiles, he llegado a la conclusión parcial de que hay gente que me habla, que esas "voces" que la literatura psiquiatrica supone producidas por la mente del esquizofrenico no son tal constructo sin refrendo de la realidad. Es una realidad sutil, de base energética, impalpable, inaudible para terceros. Forman parte del mundo interior, de las vivencias más íntimas que dificilmente se pueden compartir. Pero no son algo raro en realidad, como no es algo raro la realidad del diálogo interno o de la reflexión o de la planificación o de la visualización para lograr nuestros objetivos. La telepatía es como abrir los ojos y ver, un movimiento natural. Supongo que al principio de su vida, cuando el niño abre los ojos por primera vez y observa con ojos nuevos la cantidad de estímulos nuevos que se le presentan, flipará mucho. Por suerte, no puede hablar y está todo el día acostado y durmiendo mucho, así que su acomodación al mundo, aunque a veces será traumática, es progresiva. En la esquizofrenia a mi la puerta se me abrió de golpe. De golpe. Y me asusté. Y se asustó todo el mundo alrededor mío. Esto es como un terraplén. Te dicen de todos los colores y maneras que estás enferma y te tienes que tomar una medicación. Y al menos en mi caso no me daba la gana. Sabia que me pasaba algo, que estaba rara, me asaltaban muchas voces que no sabia de donde venian, las energías del cuerpo me subian y me bajaban, desestabilizandome entera... Hace veintiun años que tomo unas pastillas que, aunque no cercenan por completo mi capacidad de relación con el medio, si la truncan en lo que podría llegar a ser. Es como jugar con la baraja española por obligación cuando una esta desando jugar al poker y hacer escaleras de color. (esto es un ejemplo que trata de explicar mi frustración. No se trata de que tenga una mente que se vaya por los cerros de Ubeda. Es dificil utilizar un lenguaje denotativo constantemente para explicar al modo científico o al menos discursivamente plano cuando la imaginación bulle en metáforas e imágenes. Creo que los ejemplos son buenos para aclarar los conceptos, y dan un toque de color a los textos. Hacen que el ensayo discurra hacia la literatura en un camino mas amable.)

Bueno, pequeño blog. Por hoy suficiente, que tengo que marchar. Mi intención es constituir una humilde brújula para explicar desde dentro unas vivencias que, bien meditadas, no son para nada tan extrañas como las pintan los prejuicios y el desconocimiento. Si tengo que jugar con las cartas que me obliga la sociedad, porque es obligatorio, jugaré. Procuraré hacerlo con sabiduría y discernimiento.

Inicio este blog junto con una tarde de angustia (... pues, ya ves.... apasionante...)

Hola, blog. Hola, lectores de blog. La verdad, llevo una temporada como para echar cohetes. Dicen que todos tenemos malas temporadas. Que a todos nos pasan por dentro depresiones mas o menos acusadas, que el no tener trabajo es común en estas épocas, que con los cuarenta se vive una crisis de crecimiento, que la soledad es el mal de nuestro tiempo. Fabuloso. Mal de muchos... epidemia. Si a eso añado que tengo el corazón hecho trizas, me doy cuenta que el contarle mi vida a este blog puede ser un desahogo lleno de matices... que se puede agradecer mucho. Cuanto menos será una soledad en cibercompañía...

La verdad, si miro lo bueno, tan mal no me va. Prefiero ver la botella medio llena. Pero que quieres. Suspiro por tener mas compañía que la que tengo... compañía que me quiera, me apoye y me escuche, que me trate bien y me valore, sin que sea un profesional al que le pagas para que te haga caso. También suspiro por ser mas útil de lo que soy. A veces pienso que mi vida es una excusa de cursillos y talleres de pintura que me monto por no afrontar la realidad de una pensión de invalidez y una minusvalía. Me veo inútil y totalmente prescindible en un mundo en el que sobro salvo para que me miren con conmiseración y lástima. Lo más puedo ser un conejillo de indias que escribe bien y que algún terapeuta puede utilizar para ponerse una medalla de evolución exitosa de la enfermedad... cuando la realidad es que ni exitosa ni gaitas. De acuerdo, vivo sola y me manejo, cocino, friego, limpio, voy limpia y arreglada, hago algo como por ejemplo pintar... pues mira tu que bien. Vamos, que no soy un desastre desastroso.

Y sin embargo a la altura del pecho el corazón me hace un hueco y me da muchas ganas de llorar.

Paso mucho tiempo sola. Dicen que la soledad forja al ser humano. Yo me pongo un velón de color blanco y le hablo a Dios. Bueno, no se si llamarle Dios, o Diosa, o Amor Universal, o Gran Espíritu, o Universo o Vida o de mil y otras maneras como han llamado las diferentes culturas a ese Gran Misterio que hace que respiremos y nos lata el corazón, que exista todo y que seamos seres vivos entre seres vivos. Le hablo y le pido ayuda. A veces de modo desesperado, como esta tarde. No quiero suicidarme. Me parece que tengo una muy buena oportunidad de crecer, de ser el ser vivo que puedo llegar a ser y que en realidad ya soy. Pero me cuesta muchísimo vivir. Por ejemplo, ahora escribo porque me he autoimpuesto la tarea de compartir mi vida interior como camino para conseguir una mayor comunión, hipotética pero plausible, con alguien o alguienes que me lean. Me gustaría disfrutar. No disfruto casi nada. Incluso cuando sonrío, y sonrío muy a menudo, no tengo la plenitud de gozo que se que puedo llegar a tener. Apenas tengo un atisbo de paz interior. Pero sin alegría. Y llevo así mas de dos años...